Redescubriendo mi cuerpo

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He de reconocer que el embarazo y el parto, es un gran trance para nuestro cuerpo. A nivel físico, se entiende, deja huellas, secuelas, cicatrices… Por supuesto no es lo mismo si eres muy activa, fibrosa, deportista, elástica, disciplinada, etc. Ni es igual según la edad que tengas.

 

No vamos a engañarnos a estas alturas, no es lo mismo parir con 20 que con 40. No tenemos la misma piel o la misma energía, por ejemplo… Y con la forma de vida (entiéndase estudios-trabajo) que llevamos estamos más cerca cada vez que la versión 4.0 que de las anteriores.

 

Todo esto por no mencionar el 2º parto.

Si del primer parto saliste más o menos indemne debido a tu buena forma física, constitución o genética, recuperaste el peso con relativa rapidez y te enfundaste tus vaqueros favoritos a la mayor oportunidad, con el segundo no es tan fácil.

 

Al menos en mi caso, la diferencia de edad del primer embarazo al segundo era de más de 5 años, teniendo en cuenta que el primer embarazo llegó pasada la treintena, pues ya estamos de nuevo más cerca del meridiano 4 que de otro sitio.

 

El tiempo dedicado a mi cuerpo durante el embarazo se redujo drásticamente. Entre el madrugón, la jornada laboral completita (y excedida casi siempre), el comer fuera de casa, el estrés y la peque pupuleando deseando estar con mami, no era tarea fácil llevar a raja tabla eso de “nivea” por la mañana y “aceite de almendras” por la noche. Por Dios, ¡si apenas llegaba a la noche sin quedarme frita en el sofá! Seguro que sabéis de lo que hablo.

 

fuente de la imagen: http://instagram.com/loveyourlines
fuente de la imagen: http://instagram.com/loveyourlines

Mi promesa de irme a caminar todos los días una hora en el segundo embarazo se fue al garete. Era misión imposible (tironiiiiii tironiiiii nino). Si te marchas de casa a las 8, llegas pasadas las 19h., has de preparar cena y/o comida para el día siguiente, atender, bañar, hacer las tareas con la peque, acostarla, contarle un cuento, para luego tu poder ducharte y preparar mochila, bolsa de baile, manualidad, etc… La hora de caminar se desvanece, te echas al sofá y zzzzzz (jo%er, ya me he vuelto a quedar frita sin ponerme el aceite para las estrías. ¡Maldito sueño del embarazo!).

 

¡¡Si me autoimpuse la obligación de ir a las clases de preparación al parto, en el último trimestre, sólo para poder desconectar de tanto ajetreo, centrarme en mi bebé y hacer la relajación y estiramientos que tan bien me hacían!! Eran una terapia (Gracias Pilar).

 

Todo esto ha tenido su resultado. Tengo un nuevo cuerpo, no es mejor ni es peor. Es un cuerpo trabajado, exprimido, a veces agotado, estirado y recompuesto. Un cuerpo que ha tenido dos corazones a la vez durante 9 meses. Un cuerpo que ha distribuido alimento y sangre en dos cuerpos diferentes. Un cuerpo que ha perdido su elasticidad, que no es tan atractivo y firme; pero que es blandito y redondito para poder acunar mejor a mi nuevo bebé. No es un cuerpo, ha sido un hogar durante la gestación y es un hogar tras el nacimiento.

 

No miento, adaptarse a un nuevo cuerpo no es fácil y claro que lo extrañas al verte en el espejo o al probarte el bikini o bañador cuando se acerca el verano peligrosamente. También lamentas no haberte cuidado más aún sabiendo que se puede volver al antiguo y añorado cuerpo. Pero una vez más te falta el tiempo, las fuerzas, las ganas, piensas que esas 2 horas fuera de casa entre ir y venir al gym o al paseo a caminar puedes pasarlas recogiendo/ fregando/ tendiendo/ lavando/ cocinando/ estudiando/ leyendo, por poner un ejemplo.

 

Tus zonas más íntimas también cambian. Están sensibles, doloridas y han de recomponerse. Eso lleva tiempo, pero todo pasa, y al final nuestro sabio cuerpo hace que esa zona también vuelva a su sitio.

 

Hace unos días me reconcilié con mi cuerpo. Y desde aquí le pido perdón si le he maltratado, malcuidado o despreciado recientemente. He redescubierto mi cuerpo, estoy poco a poco conociéndolo y empezando a quererlo de nuevo.

 

¿Y vosotras? ¿habéis redescubierto vuestro cuerpo? No olvidéis contármelo, ya sabéis lo mucho que me gusta leeros… 🙂

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